domingo, 25 de mayo de 2008

Aprende de tu buena memoria


"Hay una memoria que está indisolublemente asociada a nuestros recuerdos, a nuestros sentimientos y a nuestra conciencia. Esa memoria que cada cierto tiempo nos está golpeando -cual martillo-, recordándonos los errores pasados o presentes de la vida y claro también, nos recuerda los logros y triunfos personales de nuestra existencia" -decíamos en el último artículo del Blog.


Pues esa memoria emocional o afectiva, -como muchos la llaman-, tiene una influencia tácita o explícita en nuestra vida. A veces nos molesta y nos impide crecer como personas; otras nos azuza para recordar las páginas más negras y negativas de la vida y amarga nuestras existencias y, finalmente, nos impele cual droga a juzgar una y otra vez nuestros errores o fracasos para hundirnos más en el estiércol de nuestras imposibilidades...


La memoria es una facultad que podemos y debemos educar, conducir, no ahogar. Es verdad que no podemos -dejar de recordar- así como así. Pero lo que sí podemos es pillar el inicio del recuerdo y desviarlo, distraerlo, encauzarlo. Ejemplo: No quiero recordar la muerte triste de un familiar querido, pues está impidiendo que salga yo de una depresión perpetua. ¿Qué hacer? Cuando me venga el recuerdo de esa muerte, encauzar la memoria a recordar cosas buenas de esa vida, de esa persona, de mi relación con ella. Otro ejemplo: No puedo dejar de recordar un hecho negativo que me hicieron o hice a otro y ha marcado mi vida para siempre. Pues haz el ejercicio de no recordarlo, oblígate a recordar otra cosa, otro hecho bueno, otra persona...


Concluyo con un texto de un libro sagrado que encontré por casualidad o providencia hace muchos años, cuando pasaba quizás el momento más difícil de mi vida, -que ahora recuerdo-. El texto dice así:


"Quiero traer a la memoria, lo que pueda darme esperanza...".


Creedme: esta frase me salvó de caer en una profunda depresión o quizás me ayudó a salir de ella. Entiéndela, reflexiónala y aplícala, úsala, ejercítala.

Hasta pronto... si no me falla la memoria y tardo más de lo que toca...

lunes, 12 de mayo de 2008

Aprender a convivir con tu memoria


Volvemos a retomar el tema con el que iniciamos este blog: "Aprender a...". En este caso quiero contaros un interesante experiencia que he tenido a lo largo de años como consejero primero, y ahora como aprendiz de Asesor filosófico.

La memoria es una facultad que nos trae más de algún problema. La necesitamos y usamos a corto plazo y contantemente para poder realizar las actividades más cotidianas. Pero también hay otro uso a largo plazo que damos a la memoria y que es al que me quiero referir.

La memoria a largo plazo no sólo nos sirve para recordar capitales del mundo cuando estamos viendo un concurso de t.v. o una receta casera que nos preparaba la abuela cuando éramos nosotros infantes.

Hay una memoria que está indisolublemente asociada a nuestros recuerdos, a nuestros sentimientos y a nuestra conciencia. Esa memoria que cada cierto tiempo nos está golpeando -cual martillo-, recordándonos los errores pasados o presentes de la vida y claro también, nos recuerda los logros y triunfos personales de nuestra existencia.

La memoria: esa compañera del viaje de la vida y con la que debemos aprender a convivir con ella. Espero que en la segunda parte de este tema, aclaremos cómo debemos trabajar con ella.