miércoles, 3 de diciembre de 2008

Quién decimos que somos

Recientemente me voy encontando con casos a los que se les etiqueta de una manera y no pueden sino creer ser aquello que se les dice. Me explico: siempre en tu casa se dijo que valías para la medicina pues tu familia es de médicos y tú no tuviste mayor pensamiento que entrar a ese sano gremio...
Tu madre en tu casa siempre dijo que serías una fracasada en tus relaciones afectivas y te has visto tan determinada por los desafortunados comentarios maternos que cada vez que empiezas una relación, recuerdas lo que dijo tu madre y terminas rompiendo sin saber porqué...
En el Colegio una serie de compañeros empezaron bromeando a decirte que tu orientación era la homosexualidad y sin pensarlo ni decidirlo por tí mismo, has creído que de verdad lo eres, sin opción a creer lo contrario...Muchas veces me comentado en este Blog la importancia de lo que dicen las personas que tienen autoridad: los padres de sus hijos, los profesores de sus alumnos, los parejas de sus consortes, los amigos de otros amigos, de tal manera que influyen primero en los pensamientos del otro de tal manera que el afectado termina creyendo realmente que es lo que los otros dicen. Si te han dicho que eres tonto, terminas creyéndotelo y cualquier comportamiento se ve determinado por tu creencia. Te dices que eres gay y aunque no has tenido oportunidad de una relación hetero, tu comportamiento es gay; te dicen que eres listo y te ves avocado a estudiar como energúmeno para dar la talla de la figura que los demás han creado en de ti y en tí.
Querido lector 1, 2, 3, 4, ó 5: ¿Quién eres? ¿El que los demás dicen que eres o tú mismo? Conócete profundamente, acéptate si te han predeterminado y supérate quitando la falsa imagen, la pobre personalidad que te han impuesto y SÉ TU MISMO. Te aseguro, te apuesto que vivirás con una mayor libertad, autenticidad y felicidad. Hasta pronto...

domingo, 16 de noviembre de 2008

Aprender a aprender


En mis lejanos años mozos de infancia y adolescencia en América, tenía un profesor que en la típica edad de las preguntas, -cuando acudías a él para inquirir cómo hacer algo-, respondía con un lacónico: "en gerundio"...


Claro; mis conocimientos de castellano en esos años de primaria eran básicos, así es que, despertado por una curiosidad de saber inculcada por mi padre, acudí a un diccionario: "El gerundio se forma a partir del radical y las desinencias "ando", "iendo". El gerundio no varía en género ni número. Se utiliza generalmente con el verbo estar, formando así una perífrasis de gerundio. Puede formar perífrasis o semiperífrasis con los verbos: ir, venir, llevar, acabar, andar, quedarse, etc". Aquella elevada definición quedó inapropiada para mis años. Como el afán de conocer no tenía límites volví a él y me espetó diciendo: "pues haciéndolo, en gerundio...".


La vida nos enseña que quizás somos muy indecisos para hacer las cosas que nos cuestan y que generalmente nos convienen; a veces no sabemos cómo hacerlas y no necesitamos más que empezar a hacerlas para darnos cuenta que ya estamos en ellas. Sé que me diréis que antes estamos influenciados por multitud de dificultades de todo tipo que nos asaltan. Sí, estoy con vosotros: nuestro pasado, nuestras circunstancias con personas o situaciones, otros fallidos intentos...


Pero, ¿qué o quién te detienen para que empieces a aprender a aprender? Tus decisiones se quedan en agua de borrajas o en cisternas agrietadas, cada vez que no tienes la determinación de empezar algo y lo peor, es que te detienen una y otra vez para que aprendas que las cosas se logran en gerundio, o sea, haciéndolas. Es ese pequeño acto de empezar o no empezar, de acabar o no acabar, de continuar o no. Y basta: es ese segundo en el que nos quedamos de pie o sentados, hablamos o callamos, actuamos u omitimos... Empieza ahora, empieza hoy, empieza ya. Y ya me contarás lo útil que es el gerundio, -no sólo para la lengua- sino sobre todo para tu vida.

viernes, 31 de octubre de 2008

Aprender a prescindir de tus malos hábitos de...

Recuerdo que una de las charlas más interesantes que recibimos en el Curso de dos años del Asesoramiento Filosófico en Madrid fue recibida por mí como un tema aparentemente sin importancia. En ella se nos hablaba sobre la trascendencia de que en algún momento de la vida necesitamos prescindir de hábitos que nos marcan de tal manera que nos aprisionan y con los que convivimos en la vida como una segunda personalidad, creyendo que nunca vamos a poder desligarnos de ellos.
Ejemplos: fumamos desde los 16 años y creemos que nunca podremos dejar de hacerlo. Nos emborrachamos muchos fines de semana y lo consideramos normal. Estamos enganchados a algún tipo de hábito negativo como no hacer deporte, ver muchas horas de T.V. o Internet o pasarnos horas sin estudiar o leer... en fin: aquí cada uno de nosotros podría escribir su propio mal hábito que siempre ha querido cambiar tal como ___________ y _______________. ¿Te han aparecido varios? Además, todos ellos como fantasmas, cargados de un sentimiento oscuro y difuso que no te permite romper con ellos y volver a empezar.
Pues el día de hoy te voy a proponer un primer paso. Es imaginarte como serías sin ellos. ¿Cómo serías sin fumar? Serías una persona que en estos tiempos de crisis ahorrarías equis cientos de euros al año; que tendrías mejor salud, mejor aliento, que disfrutarías de los sabores reales de las comidas y bebidas, que invertirías por unos años más de vida por evitar un cáncer en ti y en los que están a tu alrededor, que alegrarás la vida de tu pareja por dejarte ese hábito perjudicial...
En fin, consiste en demostrarte, en imaginarte a ti mismo -como un espectador sentado en la butaca de un teatro - la otra vida, la maravillosa obra que sería tu vida si en el escenario, estuvieras actuando tú sin ese o esos malos hábitos, que probablemente te hacen una persona mediocre, infeliz y sin voluntad. Contempla ese otro personaje que puedes ser tú sin tus pequeños o grandes vicios perjudiciales para ti u otros. Y empieza por uno. Por el que consideres más urgente para ti mismo y para el que convive a tu lado. Y no te desanimes; crea al menos dentro de ti, la posibilidad de cambio, de verte de otra manera, de representar la obra de vida... sin ese hábito. Hasta más pronto, queridos 4 lector@s.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Aprender a fracasar

Bueno, parece que queremos incidir más todavía en la herida... No sé si por efecto de los atípicos y grisáseos días de otoño que bañan Levante esta pasada semana, me he puesto un poco meditabundo y quiero escribir un tema fuerte.
Sí, parece que quiero hundir la daga hasta el fondo con un título más sangrante: el fracaso. Si en el asunto de la conformidad ahondamos sobre ese conformismo activo, el que nos ayuda a aceptar nuestra realidad para conocerla mejor y poder después mejorarla, en este Post quiero iniciar otro diálogo de vida sobre un tabú aparentemente tan negativo como es el fracaso.

La misma palabra y hasta su dicción nos parecen terribles. Parece que cuando hemos terminado una relación personal o sentimental, no hemos completado un proyecto de vida o profesional o no hemos conseguido un cierto status social, nos sentimos fracasados o nos vemos fracasados. O nos lo dicen o nosotros mismos lo creemos a base de comernos la cabeza.

Como siempre, abordo una pequeña parte del prisma en este asunto: y me quiero referir a la posibilidad de volver a empezar, o pasar del fracaso. Seamos objetivos: has fracasado en una o varias relaciones personales: no pasa nada, procura aprender de los errores y vuelve a empezar otra. Has presentado 2 ó 3 proyectos para que te aprueben uno en tu trabajo... no pasa nada; analiza el porqué no son aceptados y empieza a preparar el proyecto 4. Siempre soñaste con una casa, un coche, un status social que no has conseguido... ¿y qué? Quienes lo tienen no son necesariamente más felicesy podrías aprender a vivir felizmente con tu status, que más no se necesita para mejorar tu felicidad interior.

¡Vuelve a empezar! El fracaso no era más que una señal de Stop, necesaria a veces, para que mires a izquierda y derecha y sigas tu camino. Temo al ser humano que nunca ha fracasado, pues no sabe de qué va la vida. Y tú, ¿ya te has levantado de tu último fracaso? Pues para eso estoy y a eso te animo. Y por cierto... las nubes grises de la semana pasada se han convertido en una semana primaveral por estos lares... sí hay que esperar, levantarse y empezar. Hasta otra, amables 4 lectores.

Presentación de diapositivas recomendada:

exito_o_fracaso.pps

viernes, 5 de septiembre de 2008

¿Estás conforme con tu vida?

Sí, estimados 4 lectores veraniegos. Estamos otra vez de vuelta después de casi un mes de vacaciones por América, el continente joven y sin stress. Espero que esta obligada ausencia, no desmerezca en la continuidad de lecturas y comentarios en el blog, aunque seamos los 4 fieles amigos de siempre...

Una de las mejores reflexiones que siempre traigo conmigo de mi país, es la conformidad de la gente para con las situaciones de la vida. Es cierto que hay mucha pobreza material, pero ninguna espiritual; mucha incultura pero muchísima educación; mucha buena voluntad y pocas ambiciones. Apenas subimos en el avión para cruzar el ancho Atlántico, además de las obligadas lágrimas familiares, mi mujer y yo nos miramos y nos decimos casi simultáneamente: -¡Qué felices son!-

Ciertamente carecen de casas excelentes, de televisores de plasma; de dietas correctas, de salarios altos... pero parece que lo tienen todo, o mejor dicho, tienen lo más importante y por eso abundan en conformidad y por ende, en felicidad.

Y es aquí donde quiero compartir contigo esta reflexión vital: quizás ellos valoran las cosas más importantes de la vida y las disfrutan. Ellos aceptan sus circunstancias vitales y las aceptan: intentan solucionar las incorrectas y aprenden a convivir con las que no tienen solución o respuesta. Es gente agradecida, noble, directa, que te da lo poco que tiene, que no intenta aprovecharse de ti sino que busca ser ella misma... ¿ Y qué pasa en el viejo continente? Viejo, cansado, desilusionado... ¿Y qué pasa con nosotros? Ambiciosos, inconformes, preocupados...

Empecemos a conformarnos con lo que tenemos, con lo que hemos logrado, con lo que somos en nuestra personalidad con sus cualidades y defectos, con nuestras familias, con los pocos bienes materiales que tenemos, con nuestro descanso y con nuestro trabajo... entonces y sólo entonces, quizás y sólo quizás, estemos dando los primeros pasos para la conformidad.

miércoles, 23 de julio de 2008

Aprender a encauzar tus pasiones...

Después del exitoso alud de comentarios provocado por el asunto de las emociones, ahora proponemos otro no menos discutible y "apasionante" tema. Hace tiempo un cliente con el que diálogo en el Asesoramiento Filosófico me preguntaba cómo debía controlar su pasión desordenada por el dinero y por el trabajo. Estaba perdiendo al amor de su vida, a la persona que siempre había querido y con ello su felicidad pasada, presente y futura...
Llamo pasiones o afecciones, al deseo, a la cólera, al temor, al atrevimiento, a la envidia, a la alegría, a la amistad, al odio, al pesar, a los celos, a la compasión; en una palabra, a todos los sentimientos que llevan consigo dolor o placer. (...) Así, por ejemplo, en la pasión de la cólera, si la sentimos demasiado viva o demasiado muerta, es una disposición mala; si la sentimos en una debida proporción, es una disposición que se tiene por buena. La misma observación se puede hacer respecto a todas las demás pasiones". (Aristóteles; Moral a Nicómaco · libro segundo, capítulo V, párrafo II).
Entendemos con el pensamiento de Aristóteles entonces que "las pasiones pueden ser indiferentemente buenas o malas según la medida en que se las siente, y según los objetos a que se aplican. Por lo contrario, la virtud es siempre y exclusivamente buena; y el vicio es siempre y exclusivamente malo".
Una pasión bien dirigida, bien encauzada, bien educada, puede darte magníficos frutos; una pasión desmesurada, desordenada, desmadrada, puede conllevarte grandes quebraderos de cabeza. La bondad o maldad está en los extremos; en la incapacidad de conseguir un hábito mesurado en esa pasión; en la impotencia de controlarla cuando corresponde.
Cabe decir que al Asesorado que yo escuchaba ha terminado por mesurar su amor al dinero, a poner en su lugar al trabajo y a amar apasionadamente a su pareja... Un saludo y os deseo un menos caluroso mes de Agosto.

martes, 24 de junio de 2008

Aprender de... tus emociones

Hola 4 fieles lectores: lo primero es avisaros que he cambiado el nombre de mi perfil. En ningún momento me he considerado un filósofo, sino sólo un aprendiz, un ensayista. El amable creador de la página (www.creatividadnula.com), me puso ese nick que no merezco. Y como doy mis primeros pinitos en el blog, he descubierto donde hacerlo y lo he cambiado. Todos en la vida somos aprendices de... y por ello ahora entramos a otro apasionante tema de la vida: las emociones.

Uno de los lectores recientemente ha comentado al Blog en algún momento referencia a los términos de Goleman, "la memoria emocional" o "la inteligencia emocional"... y es por ello que me atrevo con cierto temor a hablar de las emociones que acompañan al ser humano. No me refiero, según la RAE, "al interés expectante con que participa se cuando ocurre algo" sino, a la "alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática". Hay muchos tipos de emociones y quizás este artículo nos inspire a abrir un nuevo bloque de cada una de ellas: alegría, afecto, tristeza, miedo, cólera y otras como resentimiento, envidia, ansiedad, depresión...

Primero pienso que el ser humano lleva un kit natural y de nacimiento que le hace ser único en sus emociones: llorar ante una escena de cine o no; sentir compasión o no ante un pobre; tender a la alegría o a la melancolía...

Después creo la importancia que ha tenido nuestra educación en la infancia-adolescencia y en nuestra propia casa; y aquí me encuentro con la piedra con la que me topo siempre cuando os he hablado de otras facultades (memoria, imaginación...); yo entiendo que las emociones son educables y controlables aunque también hay un espectro importante de ellas que se nos escapan de las manos.

Finalmente opino que una persona en sus cabales debería, primero ser capaz de sentir todo tipo de emociones: las buenas y las menos buenas según las circunstancias en que le ponga la vida. En mis clases a alumnos de Derecho les pregunto si serían capaces de defender a un violador y me dicen que sí; pero cuando les pregunto si fuera el violador de su hija... me dicen que no. Hay emociones controlables e incontrolables, buenas o malas, oportunas y molestas... pero debemos cargar con ellas como parte del bagaje que nuestra personalidad tiene.

Después deberíamos ser capaces de expresarlas adecuadamente y de controlarlas y dirigirlas, siempre para el bien. Es evidente que aconsejaríamos a un asesino a sueldo de la película "El Padrino" que fuera compasivo y cambiara esa emoción de impiedad. Pero a una madre que se deja maltratar por su hijo, ¿no deberíamos recomendarle justo lo contrario? Leed los comentarios que hay muy buenos ejemplos que clarifican lo escrito. Hasta otra, queridos 4 lectores.

miércoles, 11 de junio de 2008

Aprender de tu imaginación



Si la memoria no me ha traicionado, ya era hora que editara otra entrada. Perdonadme, pero ocupaciones profesionales me impiden dar más tiempo, al menos ahora, a este paupérrimo pero bien intencionado blog. Gracias a los lectores que nos visitan y dan vida a estas discusiones tan humanas que son el pan nuestro de cada día.


Otro lector me ha dado la idea ingeniosa de que hablaramos de la imaginación, que en la literatura castellana se le llama "la loca de la casa". Esta es otra de las facultades que, como la memoria, pueden hacernos mucho padecer, o bien encauzada, puede regalarnos grandes momentos y plácidos triunfos.
Como siempre, primero hablemos de lo que no me refiero aquí, -aunque también es parte de la imaginación-: no me refiero a las imágenes creadas por nuestra fantasía sino a la facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales.

La imaginación nos puede dar problemas cuando la usamos habitualmente para modelar aprensiones falsas o juicios de algo o alguien que no hay en realidad o no tiene fundamento. Uno de los mejores ejemplos lo constituye el chisme. Recientemente leí, que este país europeo es un gran productor de chismes en la red. A todos nos ha ocurrido que una palabra dicha u omitida, una mirada de una u otra manera, un escrito o un hecho pueden desatar una posibilidad infinita de chismes sobre lo que hemos hecho o dejado de hacer.

Es triste encontrarnos con personas cuya imaginación es tan activa y poderosa que la utilizan sólo para mal pensar, maquinar, marujear. O con personas tan anquilosadas, tan arrutinadas, que no tienen el mínimo de imaginación o iniciativa para hacer algo nuevo. Pues esto es en lo que debemos poner a trabajar a esta loca de atar: en la facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos que nos ayuden a nosotros y a los que están a nuestro lado.

Venga, ánimo, ya tenemos otro par de semanas en los que podemos ejercitarnos y poner nuestras personas listas en la operación ima-kini para el verano. Que lo más bello, creedme, está dentro de las personas. Sólo tenemos que buscar.

domingo, 25 de mayo de 2008

Aprende de tu buena memoria


"Hay una memoria que está indisolublemente asociada a nuestros recuerdos, a nuestros sentimientos y a nuestra conciencia. Esa memoria que cada cierto tiempo nos está golpeando -cual martillo-, recordándonos los errores pasados o presentes de la vida y claro también, nos recuerda los logros y triunfos personales de nuestra existencia" -decíamos en el último artículo del Blog.


Pues esa memoria emocional o afectiva, -como muchos la llaman-, tiene una influencia tácita o explícita en nuestra vida. A veces nos molesta y nos impide crecer como personas; otras nos azuza para recordar las páginas más negras y negativas de la vida y amarga nuestras existencias y, finalmente, nos impele cual droga a juzgar una y otra vez nuestros errores o fracasos para hundirnos más en el estiércol de nuestras imposibilidades...


La memoria es una facultad que podemos y debemos educar, conducir, no ahogar. Es verdad que no podemos -dejar de recordar- así como así. Pero lo que sí podemos es pillar el inicio del recuerdo y desviarlo, distraerlo, encauzarlo. Ejemplo: No quiero recordar la muerte triste de un familiar querido, pues está impidiendo que salga yo de una depresión perpetua. ¿Qué hacer? Cuando me venga el recuerdo de esa muerte, encauzar la memoria a recordar cosas buenas de esa vida, de esa persona, de mi relación con ella. Otro ejemplo: No puedo dejar de recordar un hecho negativo que me hicieron o hice a otro y ha marcado mi vida para siempre. Pues haz el ejercicio de no recordarlo, oblígate a recordar otra cosa, otro hecho bueno, otra persona...


Concluyo con un texto de un libro sagrado que encontré por casualidad o providencia hace muchos años, cuando pasaba quizás el momento más difícil de mi vida, -que ahora recuerdo-. El texto dice así:


"Quiero traer a la memoria, lo que pueda darme esperanza...".


Creedme: esta frase me salvó de caer en una profunda depresión o quizás me ayudó a salir de ella. Entiéndela, reflexiónala y aplícala, úsala, ejercítala.

Hasta pronto... si no me falla la memoria y tardo más de lo que toca...

lunes, 12 de mayo de 2008

Aprender a convivir con tu memoria


Volvemos a retomar el tema con el que iniciamos este blog: "Aprender a...". En este caso quiero contaros un interesante experiencia que he tenido a lo largo de años como consejero primero, y ahora como aprendiz de Asesor filosófico.

La memoria es una facultad que nos trae más de algún problema. La necesitamos y usamos a corto plazo y contantemente para poder realizar las actividades más cotidianas. Pero también hay otro uso a largo plazo que damos a la memoria y que es al que me quiero referir.

La memoria a largo plazo no sólo nos sirve para recordar capitales del mundo cuando estamos viendo un concurso de t.v. o una receta casera que nos preparaba la abuela cuando éramos nosotros infantes.

Hay una memoria que está indisolublemente asociada a nuestros recuerdos, a nuestros sentimientos y a nuestra conciencia. Esa memoria que cada cierto tiempo nos está golpeando -cual martillo-, recordándonos los errores pasados o presentes de la vida y claro también, nos recuerda los logros y triunfos personales de nuestra existencia.

La memoria: esa compañera del viaje de la vida y con la que debemos aprender a convivir con ella. Espero que en la segunda parte de este tema, aclaremos cómo debemos trabajar con ella.

martes, 29 de abril de 2008

Escuchar sin juzgar


Una de las cualidades que más se enseñan en el Asesoramiento es la capacidad de escuchar.


El Asesor con el que te orientas, te escucha pero no emite un juicio al mismo tiempo que tú hablas. La capacidad de un buen asesor filosófico es librarse de la natural tendencia humana a etiquetar a las personas, a los problemas y a dar las soluciones por adelantado a los problemas con los que problamente acierte, o no...


Cuando viene un amigo o familiar a pedirnos consejo, por inercia tendemos a decirle en que se ha equivocado, o tomamos la postura a favor -con lo que somos complacientes-, o en contra, -con lo que seremos displicentes-...


Cuando acudas a tu Asesor no encontrarás una postura complaciente o displicente; sencillamente una postura coherente con la verdad que los dos querremos descubrir.


Queridos 5 lectores, (ya van en aumento): os pido el ejercicio de escuchar al otro sin prejuicios, sin soluciones predispuestas, sin mezcla de sentimientos que puedan predisponer nuestro juicio a favor o en contra del que acude a nosotros en busca de consejo o simplemente con la humana necesidad de desahogarse.


Concluyo con un ejemplo: hace tiempo vino un antiguo alumno a contarme los últimos avatares de su vida: él esperaba que los condenara, pues eran aparentemente reprochables. Mi función de Asesor no es la de ser juez. Es él el que tiene que decidir la bondad o maldad de sus actos, en sus circuntancias de tiempo, lugar...


Te puedo decir que mi alumno se fue más agradecido por poder reflejar la verdad de sus actos en el espejo de su Asesor. Yo no lo juzgué. Él sí a sí mismo. Esa misma tarde recibí un bello mensaje: "César: nunca debí de dejar de aconsejarme contigo". Espero que persevere en su propósito hasta que reoriente su joven vida. Saludos y buen puente de Mayo.


lunes, 14 de abril de 2008

Aprovecha la época de prueba.

La primavera es una estación del año que siempre me trae pensamientos aleccionadores. Me explico: además del bello ambiente que perfuma la huerta valenciana con flor de azahar, el ver crecer las flores de todo tipo de árboles, observar los nuevos brotes en los rosales... siempre hay un hecho que la naturaleza nos brinda y me hace reflexionar.

Hay en la primavera dos o tres días seguidos de intensísimo viento. Aquí en Valencia, alcanza sin parar y durante esos días contínuos, los 80 ó 90 kms. hora, de manera que ramas viejas de árboles, débiles brotes de flores, y nuevas plantas sin raíz, caen por la fuerza del viento. A pesar de que esos días suelo coger un fuerte dolor de cabeza, me gusta salir a filosofar y ver las rudas olas que también golpean el mar y destrozan la antes plácida playa mediterránea.

Siempre en la vida viene a agitarte un suceso, una persona, un sentimiento extraño, a hacerte reflexionar en tus seguridades, a oponerse a tu fortaleza para que puedas medir tus fuerzas y estés listo para la primavera que se avecina. Ver en los huertos las flores caídas, las débiles y marchitas que no soportaron la prueba es bueno. Es bueno recibir durante unos días, o unas horas, una época del año o de la vida, la fuerza del viento en contra, para que nos quedemos con los frutos más interesantes, con los valores más fuertes, con las vivencias mejor preparadas quizás para cambiar página y dar un nuevo paso en otra etapa de la vida.

No te quedes fijo; inerte, sin movilidad. No tengas miedo a los retos que te presenta el viento adverso de la vida. No sucumbas. Resiste, camina. Te aseguro que los días posteriores a las rachas de viento, son los más bellos y agradecidos de la primavera. Es una lección de la naturaleza que siempre quiere vivir, mejorar y crecer.

martes, 1 de abril de 2008

El valor del tiempo


Hola otra vez, queridos 4 lectores del Blog. Os pido disculpas pero he estado muy atareado contrayendo matrimonio. Sí. Como lo oyes. Es común que en estos tiempos tengamos miedo al compromiso, a confiar totalmente en otra persona, al futuro de lo que la vida nos pueda deparar. Pero bueno; soy uno de esos que ha querido confiar en el amor y en la persona.


Creo que otra de las grandes cualidades que nos brinda el Asesoramiento es que sabe esperar. No es tu Asesor el que va metiendo prisa, sólo sugiere cuando lo ve necesario e imprescindible. El Asesorado no se ve ni se siente presionado. Puede ser, que sí se vea `zarandeado´ en algún momento concreto de reflexión sobre la propia vida, pero eso no significa que te apure a la resolución de tus conflictos.


En las etiquetas "Aprender a..." hablamos sobre algo parecido refiriéndonos al movimiento slow. Lo lento es aprendido y es bello, es más profundo, es más detallado, está más inspirado y sin duda sea hasta más libre y saboreado.


Lo rápido es obtuso, es confundido, está mal desarrollado, crea malentendidos y no logra un aprendizaje ni maduración de la persona ni de su vida, ni de sus problemas o conflictos. Los mejores ejemplos los suele dar la naturaleza: imaginaros que se pudiera nacer en el mes que deseara la madre. ¡Qué adefesios de la creación! Sin embargo la naturalez nos pide 9 meses, largos, duros, con sus 270 días, 6480 horas, etc. para dar vida a una nueva persona. Recordadlo. Las buenas obras, los buenos vinos, las buenas vidas... necesitan tiempo. Y eso es lo que te ofrecerá el Asesoramiento: tiempo a tu persona, a tus pensamientos para que seas tú y solo tú quien las madure y mejore. Os espero... hasta la próxima semana 4 fieles lectores.

jueves, 14 de febrero de 2008

Algunas notas del Asesoramiento

Recorrer el propio camino...


Este fin de semana estuve por Madrid para continuar ampliando el Arte del Asesoramiento Filosófico. Sí, es una arte, ni una ciencia ni una técnica.


Uno de los descubrimientos más bellos que he realizado gracias al Asesoramiento es que nadie puede descubrir por sí mismo aquello que no ha recorrido.


Me explico: durante siglos, décadas, lustros nos han acostumbrado a que cuando vamos a pedir consejo a un Director Espiritual o Confesor, a un Psiquiátra, a un Psicólogo, -en general y no siempre-, estos nos diagnostican, nos detectan y nos dirigen... unas veces (la mayoría, esperemos,) aciertan, otras se equivocan y nosotros con ellos.


El Arte del Asesoramiento consiste en que el Asesor Filosófico es sólo un acompañante, no un guía, pues es el Asesorado quien va dando las pautas para el camino. No se te etiqueta, nunca se te juzga, no te dirije por donde él cree que está la solución, sino por el camino donde conjuntamente se recorre y se llega.


Y concluyo con una de los más bellos beneficios del Asesoramiento: recorrer el camino para llegar a la meta. Cuando te dirigen, te ponen en la meta, pero no aprendes en el recorrido, que es la verdadera enseñanza. Con otras ciencias, cuando quieres ir a París, te ponen en un avión (medicamento, dirección, consejo) y apareces en París. Con el Asesoramiento, tienes un Asesor que camina contigo todo el camino, descubriendo por ti mismo si tu objetivo es llegar a París, pues ¿quizás sea otro? Hasta otro día foreros.

domingo, 27 de enero de 2008

Aprender a usar nuestra cabeza


Muchas veces se dice que "hay que tener la cabeza bien amueblada", "pensar con cabeza", "tener la cabeza en su sitio"... por lo cual intuímos que pocas veces "tenemos la cabeza donde toca".

Recientemente he leido varios artículos relacionados con la memoria. Por lo visto, en estos tiempos estamos perdiendo la eficacia de la memoria, no por culpa del espacio, sino de la ingente información que metemos a ella cada día. Y ello contribuye a tener la cabeza en las nubes.

Esto nos tiene que hacer pensar que quizás tenemos demasiadas preocupaciones en nuestra cabeza. Y muchas de ellas, sin duda, afectan a nuestro comportamiento. ¿Cuántas cosas nos pre-ocupan? Sí, nos ocupan antes de que se puedan resolver, o incluso nos ocupan cuando no tienen siquiera solución. Ahora que hemos hecho algunos propósitos al iniciar el año... ¿qué medios has puesto para cumplirlos? ¿No te das cuenta que llenas tu cabeza de preocupaciones, de ocupaciones, de sentimientos y de ilusiones que no llevados a buen puerto son fuente de conflictos interiores?

Por eso desde este foro te invito a que tengas no más de 5 importantes problemas que resolver en tu cabeza, a que les pongas fechas de solución y a que los ordenes según la importancia. Te aseguro que... tendrás una cabeza mejor puesta, más amueblada y más aseada.

lunes, 14 de enero de 2008

Confiar de nuestras intuiciones.

Aprender a...

Confiar de nuestras intuiciones.

Recientemente, uno de nuestros lectores comentaba el "sexto sentido" que se atribuye a las mujeres. Es verdad: ¿quién de nosotros no se ha visto sorprendido por su madre, su mujer o su novia, por esa intuición femenina? Eso es a lo que se le llama el sexto sentido.

Yo atribuyo esta cualidad a que las mujeres son capaces de ver por encima de lo que les dictan sus sentidos. Y esto es una gran cualidad que también el ser masculino debería de aprovechar. O sea: el hombre es aparentemente más racionalista y sólo cree lo que ve. ¿Es por ello quizás que las mujeres tengan una naturaleza más abierta a lo religioso? La mujer ama con más sentimiento, pues seguramente ella "siente con su sexto sentido" el cúmulo de afectos que hay detrás de una relación. El hombre es más simple en el querer y la mujer es más completa, pues matiza con mayor precisión el arcoiris de sensaciones en una relación humana... quizás también por eso, la naturaleza ha dotado y confiado a las mujeres de la maternidad, para lograr preservar y evolucionar la especie.

Finalmente; me entristezco cada vez que escucho esa tan recurrida frase "piensa mal y acertarás". ¿Dónde queda entonces "la presunción de inocencia"? Es verdad que a veces nuestra intuición por formación, experiencia o naturaleza nos hace pensar mal... pero por tu tranquilidad te recomiendo, que cada vez que alguien se equivoque contigo, le des una "presunción de inocencia". Quizás, ese piensa bien y acertarás, te regalará la paz de haber hecho el bien en lo más íntimo y profundo de tus sentimientos, en ese bello, misterioso, pero no menos cierto "sexto sentido". Y, ¿qué mejor que conseguir la paz en lo más íntimo de nosotros?