miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un año de bipartidismo: o me enamoras o ahí te quedas. Y ante una posible segunda caída económica.

Sin tener necesidad más que de leer mucho y de variadas fuentes nos preguntamos qué pasa en estos días con la bajada del petróleo, la caída del rublo, la subida del dólar y los metales preciosos. Años antes de la crisis y dentro de ella, hablamos en este Blog (ved anteriores entradas), de la posibilidad de que la crisis fuera una W. Ya hemos caído una vez, aparentemente subido y ahora, ¿estaremos por caer otra vez en la segunda V? Es porque personalmente no he visto que en estos años se haya puesto la más mínima solución macro-económica para ayudar a las familias, pero sí para sostener a los Bancos, a los Gobiernos, a los Partidos políticos o a sus adláteres del poder económico. Creo que estamos en una burbuja dentro de la mal irresuelta burbuja y esperemos que no vuelva a estallar para daño de los más pequeños, -como suele ocurrir-.

En este escenario y a la sazón, surge en España una tercera posibilidad que hace temblar al secular bipartidismo español. No ha podido surgir en mejor momento: desestabilidad y precariedad económica; hartazgo por la corrupción; descrebilidad política...

Hace años una buena madre vino a mi consulta a preguntar qué hacía con su hijo que tristemente le había perdido el respeto levantándole la mano... -Cuando un hijo te levanta una vez la mano, lo hace una segunda y una tercera...-. Yo creo que los partidos políticos nos han levantado la mano una y otra y otra vez y por ello no creemos en ellos. Hemos dejado que nos pierdan el respeto. Como no haya una auténtica revolución y conversión sincera de los dos partidos que se han ido repartiendo el poder a través de los siglos, se espera una fuerte tercera irrupción en el teatro de la política. Los latinos solemos pensar en momentos de pasión con el riñón y poco con la cabeza. Los partidos tienen un año para mostrar sus mejores cartas y su más sincera conversión y renovación. Si no lo hacen, si no nos vuelven a enamorar, a ilusionar, a conquistar, veo muchas ciudades en manos de ilusionados ciudadanos desconocidos, pero inexpertos, sin preparación para gobernar. Dice el refrán: "Que los santos recen por nosotros, los sabios nos enseñen, pero que los prudentes nos gobiernen".

Al levantarse de la silla de mi despacho, aquella madre se quejó: "-Yo no merezco esto; debería estar en otra casa con otros hijos que me respeten-". Y pensé para mis adentros: Ud. los educó, Ud. le ha permitido que le levante la mano y lo mejor: no conoce otras casas y otros hijos. A veces es mejor luchar por un cambio, o irse, o quedarse con la malo conocido que lo bueno por conocer. Prudencia y cabeza al decidir.

Bipartidismo: ¡o me vuelves a enamorar o ahí te quedas! Y suerte con la crisis. Ojalá me equivoque.