viernes, 31 de octubre de 2008

Aprender a prescindir de tus malos hábitos de...

Recuerdo que una de las charlas más interesantes que recibimos en el Curso de dos años del Asesoramiento Filosófico en Madrid fue recibida por mí como un tema aparentemente sin importancia. En ella se nos hablaba sobre la trascendencia de que en algún momento de la vida necesitamos prescindir de hábitos que nos marcan de tal manera que nos aprisionan y con los que convivimos en la vida como una segunda personalidad, creyendo que nunca vamos a poder desligarnos de ellos.
Ejemplos: fumamos desde los 16 años y creemos que nunca podremos dejar de hacerlo. Nos emborrachamos muchos fines de semana y lo consideramos normal. Estamos enganchados a algún tipo de hábito negativo como no hacer deporte, ver muchas horas de T.V. o Internet o pasarnos horas sin estudiar o leer... en fin: aquí cada uno de nosotros podría escribir su propio mal hábito que siempre ha querido cambiar tal como ___________ y _______________. ¿Te han aparecido varios? Además, todos ellos como fantasmas, cargados de un sentimiento oscuro y difuso que no te permite romper con ellos y volver a empezar.
Pues el día de hoy te voy a proponer un primer paso. Es imaginarte como serías sin ellos. ¿Cómo serías sin fumar? Serías una persona que en estos tiempos de crisis ahorrarías equis cientos de euros al año; que tendrías mejor salud, mejor aliento, que disfrutarías de los sabores reales de las comidas y bebidas, que invertirías por unos años más de vida por evitar un cáncer en ti y en los que están a tu alrededor, que alegrarás la vida de tu pareja por dejarte ese hábito perjudicial...
En fin, consiste en demostrarte, en imaginarte a ti mismo -como un espectador sentado en la butaca de un teatro - la otra vida, la maravillosa obra que sería tu vida si en el escenario, estuvieras actuando tú sin ese o esos malos hábitos, que probablemente te hacen una persona mediocre, infeliz y sin voluntad. Contempla ese otro personaje que puedes ser tú sin tus pequeños o grandes vicios perjudiciales para ti u otros. Y empieza por uno. Por el que consideres más urgente para ti mismo y para el que convive a tu lado. Y no te desanimes; crea al menos dentro de ti, la posibilidad de cambio, de verte de otra manera, de representar la obra de vida... sin ese hábito. Hasta más pronto, queridos 4 lector@s.